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Qué hay detrás de los símbolos en The Banshees of Inisherin

Una isla ficticia rodeada de nubes. Dos amigos de toda la vida que disputan algo. Un burro de compañero, un perro de acompañante y una anciana vestida de negro que observa. The Banshees of Inisherin (2022), dirigida por Martin McDonagh (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri), ha sido señalada como uno de los mejores filmes del año por los críticos, y ya ha sido merecedora de los premios a Mejor película Musical o Comedia y Mejor Guion, en los Golden Globes, además de otros galardones para sus actores Colin Farrel y Kerry Condon. 

Sin embargo, para algunos espectadores la historia puede resultar un tanto inusual, ya que está situada en una época y un espacio muy particular. Inisherin es una isla ficticia, pero es como si fuera un antiguo pueblo de Irlanda, por la gran cantidad de referencias culturales que muestra: las tabernas, la música, los paisajes y la alusión a la guerra. La historia también es muy original, como sacada de una novela, pero con un buen ritmo, un ritmo que te mantiene expectante y entretenido, pues sus personajes son sencillos y con sentido del humor, y por sobre todo, porque trata temas universales: la amistad, el amor propio, la venganza, la muerte.

Al terminar de verla, nos preguntamos si no habrá en ella simbolismos que no hayamos advertido. Por curiosidad, fuimos a revisar los libros y esto fue lo que encontramos.

El burro y el perro
El burro y el perro cargan con diferentes significados. En la película, cada uno de los amigos –interpretados por Colin Farrel y Brendan Gleeson– tiene de compañero a un animal diferente. Mientras que el burro ha sido considerado el pariente pobre del caballo, menos agraciado y fuerte –parecida a la apreciación que el propio Pádraic tiene de sí mismo–, el perro es el mejor amigo y aliado del hombre, y en casi todas las mitologías se lo ha llegado a relacionar con la muerte, uno de los grandes temas que atormentan a Colm. 


Los perros “olfatean a los muertos y se los comen, mansos, siempre hambrientos, que escarban hasta las profundidades de la tierra con sus patas y entierran o hallan huesos”, dice El Libro de los Símbolos. Colm se encuentra sediento de emociones, de trascendencia. El párroco incluso le pregunta por su ‘desesperación’. Él confiesa que se encuentra inquieto.


El burro, en tanto, es más inteligente que el caballo por su capacidad de adaptación. “Tiene el pie más firme y es capaz de soportar los paisajes más áridos”. Pádraic, que es visto por la comunidad de Inisherin como demasiado sencillo, aburrido e incluso superficial, es capaz de sobrevivir solo en un terreno hostil. Al final, mira a Colm con una mirada desafiante, pues sabe, tal vez, que puede sobrevivir sin él. Y vaya que tiene coraje.

La isla 
Hay varios significados asociados a las islas. Quizás lo primero que se viene a la mente es la idea de soledad, de micromundo, de enajenación. De acuerdo al mismo libro, las islas representan “secretos que aíslan, el sedimento acumulado de memorias remotas, deseos tabú, traumas disociados”. Todos estos son elementos que aportan profundidad y verosimilitud a la trama, es quizás porque están en una isla desierta, apartados del mundo, que un conflicto tan sencillo entre amigos puede convertirse en un evento trágico. En la isla ficticia de Inisherin hay nubes que avizoran tormentas. Los personajes parecen capaces de cometer locuras porque hay un orden, o una enajenación, que solo se entiende en esa comunidad.


Para Pádraic y Colm, la isla es también una bomba de tiempo. No hay manera de que puedan escapar el uno del otro. El deseo de dejar la isla o no, también está presente durante toda la película –particularmente en Siobhan (Kerry Gordon)– como un motivo clave.

Los dedos de la mano
¡Aquí hay un spoiler! Quizás, una de las cosas más inesperadas y potentes de la película es cómo Colm se cercena cada uno de los dedos de su mano. La amenaza es la siguiente: cada vez que Pádraic se atreva a cruzar una palabra con él, este se cortará un dedo de su mano. Al comienzo parecen locuras de un viejo mañoso. Pero el personaje lo hace, y no solo una, sino que cinco veces. “Los dedos representan la potencia de la mano, tan relacionada con la conciencia humana”, señala el libro. Es a través de estos que Dios transmitió la chispa de la creación a Adán, como se ve en el fresco de Miguel Ángel. Colm estaría, de algún modo, arrebatándose su propia capacidad creativa. Es consciente, tal vez, de que ni la música, ni el arte, ni la amistad, podrán ofrecerle el sentimiento tan poderoso que está buscando. Esa unidad. En este contexto, como Van Gogh, la locura aparece como un camino tentador.

La guerra
La guerra, con sus estallidos a lo lejos, con sus rumores en boca de algunos personajes y sus peligros, es otro elemento que atraviesa el filme. Se sabe que algo pasa más allá del mar, pero la comunidad de Inisherin no parece muy preocupada, al menos conscientemente. La guerra representa el choque de opuestos, el conflicto, y desde una perspectiva filosófica, también el inicio del cambio. Del mismo modo, la guerra anuncia transformaciones profundas para los habitantes de la isla. No se sabe aún cuán peligrosa es, pero los vaivenes emocionales de Colm y Siobhan, y el destino trágico de otro personaje, parecen sugerir que ya nada es igual en esta comunidad. Sus costumbres, su mundo, comienzan a verse amenazados de forma repentina e irreversible. Con esos estruendos de fondo, el conflicto entre estos dos amigos de toda la vida se va acrecentando durante la película. Para algunos, una referencia simbólica a la guerra civil de Irlanda, que se desató justamente en los años que se refiere la película: 1922. 

Photo Courtesy of Searchlight Pictures.

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