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Passages: Pasión, desamor y comedia en lo nuevo de Ira Sachs

Al director estadounidense Ira Sachs le gusta contar historias que indaguen sobre el amor, la sexualidad y la intimidad de las parejas en sus películas. Un poco como Shakespeare, le gusta pensar a él, vuelve una y otra vez sobre los mismos temas, a menudo protagonizados por personajes LGTB, movimiento del cual se siente un activista. Galardonado por Keep The Lights On (2012), en el Festival de Cine de Berlín, y otras cintas como Forty Shades of Blue (2005), en Sundance, el cineasta se encuentra presentando su último largometraje Passages, producido por la compañía francesa SBS Productions.

Con un estilo algo surrealista y un tono de humor, el filme muestra la historia de Tomas (interpretado por Franz Rogowski), un reconocido cineasta y pareja de varios años de Martin (Ben Whishaw), quien comienza un repentino romance con una mujer, Agathe, (Adéle Exarchopolus), complicando el destino del hasta ahora feliz matrimonio. La historia es sencilla en su trama, pero fresca en su cinematografía y con varios momentos divertidos, partiendo por la primera escena. En ella vemos a Tomas, protagonista de esta historia, regañando a los extras de su película por bajar las escaleras demasiado forzadamente o por tomar una copa de vino de forma equivocada, una cosa absurda para la mayoría, pero que deja instalado el tema central de la película: el narcisismo de este hombre y su insaciable apetito. “Este es un hombre que disfruta y se siente cómodo con el poder”, dijo Ira Sachs en el estreno de la película este 6 de agosto en Nuart Theatre. “Él está en un pedestal en ese momento y para mí toda la historia es sobre eso, de estar en un pedestal a estar en el suelo. Así que realmente necesitaba establecer el pedestal”.

Tomas es narcisista, pero al mismo tiempo encantador. Minutos después de esta escena lo vemos en la pista de baile, encantando con sus pasos y su forma de vestir; llamativa, desinhibida, nunca preocupado del que dirán. Desde ese primer encuentro con Agathe en la discoteca vemos cómo se desenvuelve este triángulo amoroso. No sabemos al comienzo si lo que hace Tomas es propio de un alma libre que quiere expresar su sexualidad con libertad, o bien un arrebato egoísta, sin peso ni sentido. Ambos personajes, Agathe y Tomas, van a caer presos de sus encantos hasta el desenlace, donde ese hombre engreído se queda de rodillas suplicando por su amor.

Todo ello es mostrado con diálogos simples, varias escenas de sexo (un punto destacado por los críticos) y un énfasis de la cámara en el espacio íntimo de los personajes. El filme no se siente dramático; todo lo contrario: los personajes parecen inocentes, ligeros y queribles (o al menos eso sentí yo con Tomas gran parte de la película). Así lo expresó también el director durante el Q&A: “Cada obra de arte necesita sentido del humor, lo que no significa ja ja, pero sí ligereza en algo. Lo aprendí de Ozu, o sea, nadie entiende cuán divertida es la vida más que el director japonés”, dijo y agregó: “Definitivamente disfrutamos lo que estaba pasando, pero no nos dimos cuenta de que era una comedia social y que la audiencia estaría incómoda, pero al mismo tiempo disfrutando a los personajes, y particularmente a Tomas, haciendo cosas que realmente no deberían”.

Quizás el único punto flojo es que como espectadores no logramos comprender completamente las motivaciones del personaje principal. Por momentos, el foco de la historia se aparta de él y el final se siente algo abrupto. De todos modos, la experiencia es placentera y se nota la pasión cinéfila del director en la cinematografía en general.

Durante la conversación con el Nuart, él mismo confesó que no quería hacer un filme realista, sino uno de “placer cinemático”, y eso incluye un cuidado en los vestuarios, los colores, la luz, los cuerpos de los actores, las formas. Elecciones –como el vestuario de Adele inspirado en Brigitte Bardot– que transformaran un momento realista en algo icónico y con un impacto diferente. “Quería hacer una película de las que se suele ver poco, sobre intimidad y placer”, dijo. “Creo que el impacto es lo que te deja recordando una película, mucho más que la trama. La trama no es importante, en cierta forma”.

Para los cinéfilos, se pueden encontrar varias referencias a otras películas en Passages. Primero, Happy End, de Michael Haneke, donde Sachs quedó prendado de la actuación de Fran Rogowski (recomienda ver particularmente esta escena), y luego tres películas que abordan el tema del triángulo amoroso como trama principal: The Innocent, de Luchino Visconti (dijo que Passages sigue muy de cerca esa película), Taxi zum Klo, de Frank Ripploh (“un filme super queer, con mucho sexo y emotivo”) y Dodsworth, de William Wyler, “para algunos críticos el mejor filme que ha hecho Hollywood sobre el matrimonio”, apuntó.

La primera escena, además, está inspirada en un documental de Police, del director francés Maurice Pialat, donde se puede ver al cineasta tratando a los extras un poco de la misma forma que Tomas al inicio. “Amo a Pialat, pero era un tipo duro”, dijo Sachs.

“Muchos de mis filmes entablan conversaciones con cosas que se han hecho antes”, dijo el realizador durante su estreno. Desde esta perspectiva, la película tiene su propio valor, como parte de una tradición cinematográfica que abraza como tema principal el compromiso, la intimidad, los celos y el amor. Y las actuaciones son buenísimas.

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