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Kinds of Kindness: Lanthimos se engolosina con su irreverencia

Yorgos Lanthimos solía expresar una visión cercana a otros cineastas incómodos, escribía el crítico Alonso Díaz de la Vega sobre la película Poor Things (2023). Ya en ese filme –que debo confesar me gustó muchísimo la primera vez que lo vi– este advertía una superficialidad en la supuesta subversión que declaraba el cineasta, luego de filmes como Dogtooth (2009). Subversión cómoda, si tuviera que explicarlo de alguna forma, con escenas explícitas de sexo y un humor fácil que más buscaban encantar al público que proponer un punto de vista transgresor sobre la mujer.

No compartí esa visión en su momento, pero sus palabras no pueden hacerme mayor sentido al ver su siguiente película Kinds of Kindness. Bajo la premisa de explorar las complejas relaciones de poder y dominación que se dan en el espacio íntimo y comunitario, Lanthimos presenta tres relatos, interpretados por el mismo elenco en diferentes personajes. El primero de ellos muestra la relación de sumisión entre un poderoso hombre (interpretado por Willem Dafoe), y su empleado/ amante (Jesse Plemons), quien debe hacer todo lo que le pide si quiere seguir a su lado. En la segunda historia, vemos a un policía apesadumbrado por la partida de su esposa, quien luego de su regreso empieza a dudar de si ella es real o no. En el último relato, vemos una secta y el devenir de una de sus integrantes (Emma Stone), cuando algo no sale como era debido.

Lo que tienen en común las tres historias es que en todas ellas hay un personaje reconocible que ejerce dominación sobre el otro o sobre varios de ellos. En el primero es Willem Defoe; en el segundo, Jesse Plemons; y en el tercero, los líderes de la secta interpretados por Hong Chau y Dafoe de nuevo. Pero también ocurren otros modos de dominación/ aniquilación con quienes se encuentran en el rol de subordinados: ante la imposibilidad de decirle que no a su amante, Jesse atropella literalmente a otra persona, ocupando él mismo el lugar de opresor. Emma Stone, aun siendo víctima de los autoritarios designios de la secta y de su propio marido, es cruel y avasalladora con la vida de otra persona. El supuesto de ambos personajes sería que cometiendo esos actos brutales ambos podrían complacer a sus superiores. Ninguno de ellos se imagina tomando otra decisión. Aunque esto es posible –en el primer relato el personaje de Jesse Plemons alcanza a experimentar lo que es estar solo tras negarse a hacer lo que su jefe le pedía–, ambos prefieren seguir sometiéndose. Al parecer, una de las contradicciones que buscaba explorar el director.

Al final, lo que vemos en la película son una serie de actos de crueldad. Muchas veces sin sentido del humor. Sin contexto y sin gracia. Todo se siente forzado, artificioso y demasiado explícito. Quizás porque el director tomó la decisión de presentarnos personajes “maniquíes”, es decir, sin pasado y sin un contexto que nos permita entender sus motivaciones, cuesta muchísimo empatizar con lo que realizan. Tal vez el director no buscaba empatizar, es legítimo. En lugar de incomodar sugiriendo la violencia, Lanthimos decide restregarnos en la cara la brutalidad en una trama que tiene cierta agilidad, pero que está lejos del ritmo de sus últimas películas.

A lo largo del filme observamos a un herido siendo lanzado a la calle, un atropello brutal, una violación, a una persona desmembrarse los órganos y a otra lanzarse con fuerza a una piscina vacía. Son imágenes que causan impacto, pero nada más. En su conjunto, las historias se sienten poco relevantes y los actos de crueldad artificios del cine. Quizás lo más insoportable de Kinds of Kindness es la falta de humanidad de los personajes, lo impávidos que son, casi como si fueran avatares de un juego controlado por alguien más.

El único relato que se sale un poco de este patrón es el segundo, donde vemos la relación de un policía y su esposa, una vez que ella regresa de una misión del Estado. Desde el primer momento está la sospecha de la veracidad de esta historia. Incluso llega a creer que ella no es una su mujer, sino una “imitación”. Una falsedad. Un poco parecido a la información a la que permanentemente estamos expuestos, y que ejerce un control sobre nosotros a pesar de que intuimos que hay algo de falsedad. En este caso, el protagonista logra salir victorioso, no sin antes presenciar y ejercer violencia sobre esta mujer.

Las primeras impresiones sobre Kinds of Kindness en Cannes la describían como “una cachetada” de parte de Yorgos Lanthimos al éxito que había conseguido tras el estreno de Poor Things. Como si de alguna manera el director no quisiera ser querido ni apreciado por las audiencias, y ahora se habría dado la licencia para volver al cine que más le gusta hacer: irreverente, incómodo, como dijo en una entrevista reciente. Pongo en duda todo ello, porque aunque la película definitivamente ofrece un cine más incómodo que Pobres criaturas, las audiencias se rieron a carcajadas en el cine, siguiendo los guiños de humor e incluso yendo más allá y riéndose “por nerviosismo” en escenas donde no había nada divertido, como interpretó el propio director. Es la forma que ellos tienen de lidiar con lo que observan.

Con Kinds of Kindness podemos asegurar que ni la irreverencia ni la extravagancia de las actuaciones son suficientes para hacer una buena película.

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